Entre los inmuebles de Broto destaca la torre de la cárcel junto al hoy destruido puente, que data del siglo XVI.

Se trata de una torre de planta cuadrangular, con unos cuantos vanos, saeteras y un ventanal en la planta superior.

Esta torre antaño de defensa, sirvió de cárcel durante varios siglos y en su interior podemos descubrir los grabados que realizaron los presos que dieron con sus huesos entre sus muros.

En el Siglo XVI, el Valle de Broto y la Mancomunidad Ganadera del Valle, poseía independencia y capacidad para gobernarse tanto en el aspecto económico como en cuestiones de justicia. Quizás por la dificultad de llegar a alguna capital cercana, el rey otorgó a la Mancomunidad del Valle capacidad para autogobernarse.

La Casa del Valle

En aquella época, el ganado y los pastos de montaña eran la riqueza y principal fuente económica del Valle, y la mayoría de problemas y litigios surgían por esta causa (robo de ganado, utilización de pastos ajenos, etc). También la cercanía de Francia propiciaba el paso de peregrinos a los diferentes lugares de peregrinación y, por supuesto, el paso de contrabandistas.

Paso obligado para cruzar el Río Ara era el puente de Broto, que a la vez hacía de entrada al pueblo. Entre los inmuebles de Broto destaca la torre junto a este hoy destruido puente, que data del siglo XVI. Es una torre de planta cuadrangular, con unos cuantos vanos, saeteras y un ventanal en la planta superior.

Puente de Broto. Al fondo Ordesa

Se accede a la torre por la “Casa del Valle” y se compone de 3 plantas, accediéndose por la planta intermedia. Desde ésta se desciende al nivel más bajo (al nivel del río Ara), dividido en dos, por unas trampillas y que, seguramente, serían las estancias más penosas. Incluso en épocas de crecida del río llegaban a inundarse, convirtiendo la estancia en un lugar lamentable.

En la planta superior, a la que se accede por una estrecha escalera, encontramos la ventana adintelada y cuadrada y a su lado un escusado que vierte al río Ara.

Broto a principios del s.XX

Los muros de esta torre, que sufrió varias remodelaciones a lo largo de su historia, se encuentran encalados y ennegrecidos como consecuencia de los fuegos allí realizados por los moradores de tan frías y oscuras estancias.

Esta torre fue destinada a prisión resultado directo de los privilegios que desde la Edad Media contó y cuenta esta Casa del Valle de Broto, gracias al decreto otorgado por Jaime I y confirmado por su nieto Jaime II en 1323 en relación a la utilización de los pastos. Estos poderes le permitían impartir justicia, además de los asuntos políticos y económicos, de tal modo que aquellos que cometieran un delito eran juzgados en esta misma localidad y conducidos hasta los sombríos muros de esta torre antaño defensiva y convertida en cárcel.

Broto. Torre de la Cárcel. Al fondo Ordesa

Aquí iban a parar, por ejemplo, los habitantes de los colindantes pueblos franceses, fruto de las continuas querellas habidas entre uno y otro lado en relación con los pastos y el ganado, así como algún que otro contrabandista de los muchos que en esta zona y a lo largo de la historia ha habido. No es de extrañar que algún peregrino también diera con sus huesos entre estas sombrías paredes.

Dibujos de la cárcel de Broto

Y es precisamente ese encalamiento ennegrecido el que sirvió de soporte para unos improvisados y curiosos grabados realizados por alguno o algunos de estos eventuales moradores, en especial (por la reiteración de las fechas y similitud de los dibujos) por uno que allí, en el siglo XVIII, escribió su nombre en varias ocasiones: Miguel Guillén.

Dibujos de la cárcel de Broto

Incisiones realizadas en distintos momentos y en diferentes años, la gran mayoría del siglo XVIII (1701, 1708, 1799…) y alguno posterior (1808, 1910) entre cuyos trazos aparecen nombres como Domingo Lacota o Miguel Viñuales, además del mencionado.

La ignorancia quizás del valor de este lugar hizo que no se respetaran los grabados ni la estancia como hubieran merecido, y hoy en día la pared sur (que quizás posea los grabados más antiguos) está prácticamente irreconocible. Además, sirvió de escombrera para una obra cercana y la estancia inferior fue tapada con escombros, lo que resta autenticidad a dicha estancia. Por si fuera poco a lo largo de los años posteriores a la Guerra Civil no fue respetada y podemos ver entremezclados garabatos y grabados posteriores, firmas de albañiles o de niños que no sabían que estaban destrozando un tesoro. La pronta restauración de estos grabados puede evitar que sigan deteriorándose.

Dibujos y grabados que podemos apreciar en las diversas salas de la torre. Unos escasos trazos subsisten en la planta inferior y en la superior, aunque es en la intermedia donde encontramos el mayor número de los mismos, al encontrarse sus cuatro paredes salpicadas de dibujos e inscripciones. Todo un mundo en el que aparece gran variedad de imágenes, algunas de ellas inscritas en una especie de orla, en unas a modo de mandorlas, en las que se insertan esas figuras representando posiblemente santos o santas, así como la Virgen y otros seres de más difícil identificación, si es que hay que buscarles alguna identidad.

Broto

Figuras enmarcadas y rodeadas de varios geometrismos, fundamentalmente cortas y paralelas líneas, las mismas que se repiten sueltas por los cuatro muros, esas rayas en las que puede apreciarse una especie de contabilidad de los días en que un preso -o distintos- pasaba encerrado en esta cárcel de Broto.

Así, a esas imágenes humanas, la gran mayoría femeninas y portando engalanadas y decoradas vestimentas, se suman otras representaciones como rostros humanos, nombres de santos (a los que quizás se encomendaban), simplificados y extraños cuadrúpedos, decorados árboles que sugieren los de la vida o incluso la Carrasca de Sobrarbe, seres portando cruces o éstas sueltas e independientes por distintas partes de los muros, músicos tañendo variados instrumentos de cuerda, toscos animales entre los que se puede adivinar alguna tortuga, serpientes, esquemáticas y curiosas aves, así como calaveras y huesos entrecruzados diseminados entre los demás grabados. Todo ello entre diversas figuraciones animales y geométricas, entre las que se intercalan inscripciones, frases y fechas.

En definitiva, un sorprendente y único programa iconográfico realizado por los presos que pararon con sus huesos en esta cárcel de Broto, en especial por uno de ellos que la habitó seguramente en el siglo XVIII, en donde además de lo dibujado, de su calidad, rareza y simplicidad, se halla reflejado todo el mundo simbólico de los habitantes de la montaña, todo aquello desconocido y que trataban de explicar por medio de símbolos y de curiosas explicaciones, todas las creencias y supersticiones -en definitiva- del hombre pirenaico.