Historia de los valles de Ordesa, Bielsa y Tella

By 13 Noviembre, 2008Historia
Dolmen de Tella, junto a Ordesa

Dolmen de Tella, junto a OrdesaLa historia de estos valles es poco conocida y se basa en unos pocos hitos que nos hablan de la continuidad de una presencia humana en esta tierra, dura e inhóspita, desde la época paleolítica (40000-10000 a.C.).

Es la época en la que compartiría territorio con una especie animal singular, y de la cual se han encontrado numerosos restos en la cueva de Coro Trasito, en las cercanías de Tella, el oso cavernario. Es además, éste el yacimiento peninsular situado a mayor altitud, ya que se localiza a 1.700 m. de altura, cuando lo habitual son los 500 m.

Las huellas del asentamiento humano las podemos seguir en distintos momentos. En el Neolítico la zona estaría habitada por grupos de pastores, los cuales pusieron en marcha la economía ganadera, que con la evolución, ha permanecido hasta nuestros días. Así lo prueba la presencia de sepulcros de túmulos en el cercano valle de Ordesa, utilizados hasta el final de la Edad de Hierro.

En la Edad de los Metales, datamos el dolmen situado cerca de Tella, conocido como Losa Campa, a la vez que encontramos restos de ocupación humana en cuevas de Tella y Escuaín.

 Dolmen de Tella, junto a Ordesa

Aún así este territorio no tendría una identidad propia, sino que compartiría, los usos, costumbre y modos económicos con los habitantes de todo el macizo pirenaico, pero su mayor relación fue con los poblados más próximos. Por eso estaba expuesto a las influencias celtas del norte e íberas del sur en los inicios de la época histórica.

La llegada de la dominación romana, aunque fue en todo el territorio no caló en estas poblaciones, cuyo grado de romanización es muy pequeño. El territorio Boletanum comprende todo el alto Cinca, y serviría para articular las escasas vías de comunicación a través del valle del Cinca para unir Hispania con la Galia, vías de comunicación que no revestirían importancia de las que atravesaban los cercanos puertos de Somport y Palo. También sería útil para el aprovechamiento minero de Parzán, que parece que en esta época ya estaba.

Tras la caída del imperio romano, y la presencia de las monarquías godas, que permitieron la acuñación de moneda, se produciría la ocupación musulmana de la zona, que como la romana, se limitaba a ejercer un protectorado no muy rígido, con asentamientos en Boltaña y Aínsa.

 Castillo de Boltaña. Al fondo, Monte Perdido (Ordesa)

Esta situación de control, y el deseo de la gente del lugar a una organización interna y el simple hecho de supervivencia, lleva a los valles pirenaicos, a los de la cabecera del alto Cinca, a organizarse independientemente. Sufrirán durante años los saqueos de los musulmanes, destacando la de Almanzor en el año 991.

En la Edad Media se configuran territorial, económica y socialmente los valles de alta montaña. A parte de ser un valle aislado, también era fronterizo y los reyes ejercieron su poder.

En 1008, el rey Sancho III de Navarra ocupa el Sobrarbe y lo une a su corona. Cuando muere, divide el reino entre sus hijos, dejando a Gonzalo la zona norte de la comarca. Años después su hermanastro Ramiro, rey de Aragón, lo destituye, siendo éste desde 1045 rey de Sobrarbe y Ribagorza.

En la economía se estableció la ganadería, junto con el aprovechamiento forestal, como base de la riqueza económica, gracias al proceso de recuperación del territorio ocupado por los musulmanes, el auge de la cabaña ganadera y el establecimiento de los sistemas de trashumancia. Es el momento en que mayores quemas de bosques se producen para conseguir estos pastos.

Paralelamente se sigue explotando otros recursos, como la minería, como prueba en 1191, el rey Alfonso II de Aragón conceda la explotación de las minas de Bielsa a 14 mineros, y les otorga la carta de población y les autoriza la construcción de un castillo y una villa, y el aprovechamiento de aguas, pastos y bosques, con el fin de dotarlos de la categoría de señores y que dependieran solo del rey. Más adelante, estas minas generarán instalaciones protoindustriales como molinos de mineral, hornos para depurar la plata o herrerías para trabajar el hierro.

Hay que destacar los numerosos intercambios comerciales con Francia, y para favorecer el comercio interno se le concedió a Bielsa, a petición de sus vecinos, la organización de una feria en la primera quincena de agosto, lo que sucede en abril de 1310, bajo el reinado de Jaime II. En 1362, se convierte a Bielsa en punto de cobro de aduanas, esto indica su potencia comercial.

Para permitir esta actividad se realizan varios tratados para que no hubiese peleas, conocidos como patzarías, que tenían su origen en el siglo XI. El más antiguo que se conoce es el firmado entre Bielsa y Plan de Barí¨ge, con fecha de 1300 y donde las partes se comprometen a respetar procedimientos que garanticen la paz y fijar las indemnizaciones por asesinato, violación, robo de ganado y daños diversos, debiendo responder la comunidad del culpable y fijando los mecanismos para el cobro de dichas indemnizaciones.

Este sistema se prolonga hasta el siglo XVII bajo la denominación de lies y passeries (alianzas y paces), a pesar de los conflictos entre las monarquías española y francesa. Son los principios de igualdad promulgados por la Revolución Francesa los que acabarán con estos tratados internacionales, que permanecerán en ámbitos locales.

Este desarrollo económico conlleva permanencia estable de la población en la zona; Bielsa mantiene en torno a los 80 familias desde el siglo XV al XVIII, salvo en momentos excepcionales como la peste que asolo Europa en 1348 y que dejó al valle casi despoblado.

A pesar de la idea de economía precaria y de subsistencia, las comunidades debían producir excedentes que les permitieran afrontar gastos suntuarios, como la construcción de ermitas y edificios públicos.

Desde el siglo XI al XVIII, se construyen y reforman prácticamente todas las iglesias de la zona, desde las ermitas de los Santos Justo y Pastor o Faixanillas en Tella, la de San Lorenzo en Revilla, San Marcial, la de Javierre o la de Badaín, todas románicas, hasta las de Pineta, la Virgen de la Peña en Tella o la parroquia de Bielsa, durante los siglos XV y XVI. Sin olvidar, la magnífica casa consistorial de este último lugar, ejemplo único y hermoso de estos valles, de arquitectura civil renacentista y que hoy podemos admirar magníficamente restaurado.

También en la Edad Media, se configura una estructura social propia, basada en la casa como unidad básica, en torno a la cual giran todas las relaciones comunales.

La Edad Moderna, además de continuar con el desarrollo económico, y ser el momento en que se produce, fundamentalmente, el desarrollo de las tramas urbanas de los distintos lugares, tal y como hay las conocemos, fue un tiempo de inseguridad, abundaban los bandoleros y los contrabandistas, convirtiendo los caminos en poco seguros.

La posición fronteriza de estos valles hace visibles las tensiones con Francia y la presencia de las revueltas carlistas, como queda constancia en la memoria colectiva de estas gentes, identificando lugares determinados con su presencia, a través de historias, casi míticas, sucedidas en estos valles, en las que salen los bandoleros, capitanes carlistas o el mismísimo mosén Bruno Fierro.

En el siglo XX se producen los mayores cambios, sobretodo con la llegada de la Hidroeléctrica Ibérica y la construcción del llamado Sistema del Cinca.

Se tiene que recordar sus obras y sus consecuencias, ya que parte de la situación actual es consecuencia de esos primeros años del siglo pasado.

Sistema Hidroeléctrico del CincaEstas obras que se inician en 1918, supusieron la llegada de abundante mano de obra de todas partes de la Península, junto con los trabajadores locales que hacían de esta actividad un complemento de la pastoril, llegando a trabajar más de 2000 obreros. Así empezó a circular el dinero y con ello las posibilidades de adquisición de bienes y cambios en la economía tradicional. Al mismo tiempo se abrieron carreteras que comunicaban estos valles hacia el sur, ampliaban las posibilidades migratorias y facilitaban la entrada de nuevos productos.

Todo esto representó el inicio de la decadencia real de las estructuras sociales y económicas creadas en la Edad Media y que se mantenían casi intactas; finalmente, a la larga ha representado la despoblación paulatina de estos valles.

En cambio los fenómenos migratorios, tuvo gran importancia un episodio bien conocido y estudiado, el de la Bolsa de Bielsa. Durante la Guerra Civil española esta zona fue el reducto, aislado, donde se estableció la 43 división del ejército republicano; la ocupación por parte de las tropas de Franco conllevó la salida masiva de refugiados hacia Francia a través a través de los puertos de Bielsa, en plena época de nieves. La destrucción casi total de todos los pueblos de la zona causó graves daños materiales y morales a sus habitantes, muchos de los cuales ya no regresaron.

La contumaz resistencia republicana y el interés del ejército rebelde por la zona residía, precisamente, en la riqueza hidroeléctrica de estos valles, cuya producción abastecía la zona industrial de Bilbao. Esto explicaría la presencia del “maquis” en la zona, con el fin de sabotear, como sucedió en 1949, la central de Lafortunada.

La posguerra representa la reconstrucción del tejido social del valle, pero sin poder evitar la emigración y la despoblación.

La mejora de las comunicaciones por carretera, y la apretura del túnel internacional, ha volcado la zona hacia el turismo, favorecido por la presencia del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el Parador Nacional y las nuevas iniciativas culturales como la apertura a los visitantes de la cueva de Coro Trasito, el Museo de Bielsa y el Museo Pirenaico de la Electricidad, en Lafortunada, u otras, quizás más sutiles, pero de importancia, como la ubicación de la obra del artista de origen iraní Siah Armajani, Mesa de Picnic para Huesca, en el valle de Pineta, un empujón a la modernidad.

Fuente: Bielsa y Tella-Sin.Ed.Prames