Forau de Aigualluts

Aigualluts en inviernoClásica excursión. Itinerario por el cual llegaremos a la cascada de Aigualluts y podremos ver la cumbre más alta del Pirineo: el Aneto, así como el glaciar. El acceso a la Besurta está regulado por el Parque durante el verano (de junio a septiembre y puente del Pilar) por lo que es necesario tomar el autobús o bien realizar el trayecto a pie, lo que alarga la excursión en algo más de una hora.

Descripción de la ruta:

Aigualluts en invierno

Partimos del Llano de la Besurta (1900) y tomamos el mismo trayecto que nos conduciría al refugio de La Renclusa. A unos 15 minutos lo dejamos para dirigirnos a nuestra izquierda, dejando la subida a la Renclusa a la derecha, por un camino perfectamente marcado hasta llegar a la pradera de Aigualluts.

Al llegar vemos la cascada y cómo desaparece bajo la roca. El agua proviene del deshielo del glaciar del Aneto pero curiosamente se filtra a través de galerías y conductos y aparece de nuevo en el valle de Arán para alimentar el río Garona. Casi al final del camino nos encontraremos con un panel explicativo en el que veremos información al respecto.

Norbert Casteret fue el precursor de la espeleología moderna tal y como la conocemos hoy en día. Nació en Sant-Martory cerca de Saint Gaudens a las orillas del río Garona. Dedicó toda su vida a la exploración de cavernas, cuevas, ríos subterráneos. En 1931 Casteret obtuvo un triunfo más, al demostrar el origen de las aguas de este río. Hasta ese momento se había creído que el río Garona se originaba en el valle de Arán, pero Casteret siempre había pensado que las aguas procedían del Pirineo Aragonés. Utilizó colorantes que vertió en el Agujero de Toro, en las Maladetas, y después de cumplir con su recorrido subterráneo, esas aguas coloreadas aparecieron en el valle de Arán para continuar hacia el río Garona hacia Saint Gaudens y Toulouse.

Llevó a los Montes Malditos, a lomo de mula, 60 kilos de fluorescencia en latas. Al anochecer, bajo una lluvia torrencial, volcó el tinte en la cueva. A la mañana siguiente, en el camino de Goueil de Joueou, se encontró con un pastor aterrorizado. “El Garona se ha vuelto verde” exclamó el hombre. “Ha sido embrujado” y Casteret demostró que tenía razón.